TEORÍA DEL CISNE NEGRO

Autor: J Giorgi – 19.03.2024

En 1697 el explorador holandés Willem de Vlamingh ascendió por el delta del río que bautizó como Swan River, en la costa occidental de Australia, y descubrió las primeras colonias de cisnes negros.

Más de tres siglos después, Nassim Nicholas Taleb, un libanés residente en los Estados Unidos, estudioso del azar, la aleatoriedad y la incertidumbre, formuló la teoría del Cisne Negro en su libro THE BLACK SWAN. Un cisne negro es algo inesperado. Se sabe que puede ocurrir pero nadie espera que vaya a suceder. Quizás haya sonado alguna alarma, pero no le hemos hecho caso. Un cisne siempre es blanco.

El cisne negro suele ser algo negativo, pero también podría ser positivo. Tiene un alto impacto global, que desencadena una serie de eventos, también inesperados, cuyas consecuencias trascienden el ámbito en que se inician, y se pueden propagar a las esferas social, política, económica y tecnológica.

Como ejemplos recientes de cisnes negros que han afectado a la economía global podemos citar la pandemia del covid-19, seguida por la guerra de Ucrania, claros paradigmas de acontecimientos inesperados que yo he denominado Tsunamis Globales. Anteriormente, la crisis financiera de 2008, vino precedida de avisos de expertos a los que nadie quiso hacer caso: después de décadas de crecimiento ininterrumpido, parecía que la globalización había resuelto definitivamente los altibajos cíclicos de la economía mundial y todo el mundo actuaba como si el crecimiento ininterrumpido ya se hubiera instalado para siempre en la economía del planeta.

¿Qué cisnes negros pueden estar al acecho?

Por su propia naturaleza, nadie puede prever cual será el próximo cisne negro que haga su irrupción en la escena mundial.

Una hipótesis, entre las menos imprevisibles, podría ser que el actual enfrentamiento comercial USA-China llegara al nivel de guerra comercial abierta y entráramos en una espiral descontrolada de represalias mutuas. Es una hipótesis altamente improbable, porque se ha llegado a consolidar una situación de interdependencia tan estrecha que implicaría daños recíprocos incalculables. En Occidente, los precios de algunos productos manufacturados en China se podrían disparar sin control, causando una fuerte inflación y un profundo reajuste en los flujos de intercambios de bienes.

Es indudable que en este escenario se produciría en Occidente la emergencia de un cisne negro con una doble singularidad:

  • Una, negativa, ya que se pondrían en situación límite muchos sectores industriales (por ejemplo, un sector tan importante para la economía occidental como la industria de automoción, altamente dependiente, en su transición hacia la electrificación, de las baterías y otros componentes suministrados por China).
  • Otra, positiva, ya que surgirían oportunidades para que la industria manufacturera occidental pudiera replantearse la producción local de multitud de productos previamente externalizados.

Podemos especular sobre cuál sería el saldo final del conflicto, pero es evidente que los efectos negativos del nuevo cisne negro serían mucho más inmediatos que los positivos, causando graves turbulencias en las economías de Occidente.

¿Cómo prepararse para la irrupción de un nuevo cisne negro?

La principal preocupación de las empresas no se debe centrar tanto en prever la aparición de un cisne negro, como en construir fortalezas para hacerle frente en caso de que pueda irrumpir en los mercados.

Las técnicas clásicas de gestión de riesgos no son eficaces para preparar una empresa ante la eventualidad de la aparición de un cisne negro, por varias razones:

  • En general, los modelos de gestión de riesgos toman como referencia antecedentes históricos para establecer estrategias de prevención y contención. Pero un acontecimiento clasificable como cisne negro no tiene antecedentes históricos o, si los tiene, están tan alejados en el tiempo que nadie los toma en consideración porque el contexto en que se produjeron fue totalmente distinto.
  • En general, los modelos de gestión de riesgos sobrevaloran los conocimientos y capacidades, e infravaloran el factor suerte. De hecho, lo que en lenguaje vulgar denominamos mala suerte se puede decir que suele estar detrás de la aparición de un cisne negro.

Entonces, ¿cómo podemos prepararnos para la irrupción de un nuevo cisne negro? El propio Taleb acuñó una palabra al efecto: antifragilidad.

Un ejemplo claro de antifragilidad lo encontramos en la evolución de los seres vivos: una situación de estrés se aprovecha para reforzar un órgano existente, o crear un órgano nuevo, o crear una nueva especie. La evolución de las especies en el planeta tierra, a partir de la aparición de los primeros microorganismos unicelulares hace 3500 millones de años, ha sido posible gracias a esta característica intrínseca de los seres vivos.

La empresa tiene que estar preparada para incorporar esta capacidad de los seres vivos, porque si confía sólo en su resiliencia, es posible que no sobreviva a la irrupción del próximo cisne negro. La resiliencia puede ser la respuesta a una disrupción clásica, pero un cisne negro va más allá de una mera disrupción y por tanto la respuesta debe ir más allá de la resiliencia. Esta respuesta (la antifragilidad) solo puede tener garantías de eficacia si no se focaliza hacia la mera supervivencia, sino hacia la capacidad de la organización para sacar ventaja y salir reforzada de una situación límite, que puede significar la catástrofe para sus competidores.

Obviamente, para desarrollar antifragilidad, la empresa debe, ante todo, asegurarse de tener preparadas sus capacidades de primer nivel (resiliencia): puedes ver mi anterior artículo sobre el tema haciendo clic aquí. Después, deberá desarrollar especialmente aquellas capacidades que le permitan ascender al segundo nivel (antifragilidad). Los puntos clave para elevar la organización a este nuevo nivel son los siguientes:

  • Mejorar los reflejos de la organización: aunque no se puede predecir la llegada de un cisne negro, la empresa que reaccione con más rapidez y decisión obtendrá una ventaja sobre las más lentas en reaccionar. Para mejorar los reflejos de la organización se requiere desarrollar una estructura y procedimientos de gestión ágiles y suficientemente descentralizados, con alta capacidad de respuesta para reaccionar rápidamente a los cambios que se produzcan en el entorno. Y también es necesario:
  • Crear una cultura interna de apertura al cambio y asunción de riesgos. Lo cual implica aceptar fallos que necesariamente se van a producir, esperando que se puedan compensar con las ventajas emanantes de éxitos que la misma cultura puede deparar y con la capacidad de estar siempre preparados para lo peor.
  • Invertir en diversificación: desarrollar nuevos productos para nuevos mercados, suficientemente diferenciados para que puedan quedar al margen del epicentro de los efectos de un nuevo cisne negro.
  • Construir sólidas y duraderas relaciones aguas arriba y aguas abajo de la cadena de suministro, de tal manera que las consecuencias de la irrupción de un cisne negro perjudiquen en la menor medida posible los flujos de inputs y outputs de la organización. Lo cual implica establecer pactos formales y relaciones de interdependencia a largo plazo con los principales proveedores, distribuidores y clientes finales.
  • Construir una sólida posición financiera para poder hacer frente a los primeros efectos de la aparición de un cisne negro, dando un margen de tiempo para que empiece a surtir efecto la estrategia de respuesta.
  • Construir una sólida imagen de marca: en una situación de crisis los compradores tienden a orientarse hacia posiciones más conservadoras y, en consecuencia, a optar por las alternativas de compra más seguras y fiables. Lo cual concede una ventaja a las marcas sólidamente establecidas y con una superior reputación en el mercado.
  • Invertir en innovación: la empresa innovadora, que se encuentre un paso por delante de sus competidores, siempre tendrá ventaja en una situación caótica.
  • Fomentar el compromiso con todos los stakeholders, lo cual implica desarrollar una comunicación fluida, actualizada, bidireccional y abierta a la crítica.
  • Asegurar adecuadamente los activos que puedan sufrir daños significativos ante la llegada de un cisne negro.

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Un cisne negro es el paso siguiente a una disrupción. La antifragilidad es el paso siguiente a la resiliencia.

En un mundo en constante ebullición no es fácil que los responsables puedan encontrar tiempo y energía para dedicarlos a construir antifragilidad. Programas cuyo costo sólo tendría recompensa en caso de producirse una nueva catástrofe, que nadie sabe cómo y cuándo podría sobrevenir, corren el riesgo de quedar siempre aplazados para la próxima oportunidad. La tendencia normal de los responsables de diseñar e implementar las estrategias consiste en focalizarse sobre hipótesis previsibles.

Pero la constante ebullición de los escenarios globales, coronada por la reciente irrupción de dos cisnes negros con pocos años de diferencia, ponen en evidencia la creciente necesidad de incluir la asignatura de lo imprevisible entre las principales tareas del directivo con vistas a desarrollar una empresamascompetitiva.

Un nuevo cisne negro puede estar acechando a la vuelta de la esquina. La creciente inestabilidad política en muchas regiones del planeta y el auge de los populismos radicales podrían ser el adecuado caldo de cultivo para su irrupción, no tardando mucho, en la escena global.