Autor: J Giorgi – 21.07.2026
Wall Street, 8 de septiembre 2008, 10.55 am. Un analista de Income Securities Advisors lee en Google un artículo del Chicago Tribune informando de que la UNITED AIRLINES se acaba de acoger al famoso chapter 11, la última tabla de salvación que el U.S. Bankrupcy Code ofrece a las empresas americanas para evitar la quiebra. Inmediatamente lanza la voz de alarma a través de los terminales financieros de Bloomberg.
En cuestión de minutos, la cotización de las acciones de United Airlines se precipita desde $12,45 a menos de $ 3: una pérdida del 76%. Algunas operaciones marginales se realizan incluso muy por debajo de esta cifra, por falta de liquidez. A las 12,15 la bolsa suspende la cotización. Inmediatamente después, la empresa aparece en los medios aclarando que el artículo en cuestión había sido publicado en diciembre de 2002 (6 años antes), cuando realmente había pasado por el trance de tener que acogerse a la protección del chapter 11. A partir de ese momento, la cotización de las acciones empieza a ascender y al día siguiente recupera prácticamente el nivel anterior al batacazo.
Un accionista que a las 11 am del 8 de septiembre se hubiera precipitado a vender una cartera de millón de USD, habría perdido $760.000. El comprador, en poco menos de 24 horas habría cuadruplicado el valor de su inversión, desde $240.000 hasta cerca de 1 millón.
En este caso la falsa noticia no tuvo un autor consciente, fue fruto de una concatenación de casualidades. Pero normalmente no es así. Detrás de cada noticia falsa hay un responsable que actúa conscientemente para conseguir unos fines concretos. Muy frecuentemente, al margen de la ley.
¿A QUIEN BENEFICIAN LAS FAKE NEWS?
Las fake news benefician a actores muy distintos entre sí. Los principales beneficiarios se pueden dividir en dos grupos, dependiendo del objetivo que persigan:
- Objetivo económico: aquellos que buscan lucrarse directamente con su difusión, que pueden ser:
- Creadores de contenido, con el objetivo de obtener ingresos publicitarios. Las fake news, unidas a titulares sensacionalistas, pueden ser un instrumento con mucho gancho para multiplicar rápidamente visitas y clics, con lo que se consigue crear webs o páginas en redes con un alto valor como soporte publicitario.
- Ciberdelincuentes, con el objetivo de conseguir una fuente directa de ingresos. Difundiendo noticias falsas, apoyadas en campañas de phishing, se publicitan y venden productos o servicios de muy inferior valor al anunciado, cuando no directamente inexistentes.
- Competidores desleales, con el objetivo de dañar la reputación de una empresa rival. Manipulan la percepción de marcas y productos, para causar una pérdida de cuota de mercado.
- Objetivo político: aquellos que no buscan directamente un lucro, sino un objetivo político o ideológico, que pueden ser:
- Actores políticos internos, con el objetivo de influir en la opinión pública, elecciones o referendos. Polarizan a los votantes en los errores y escándalos del adversario, magnificándolos, o directamente, inventándolos. En ocasiones, el ruido creado sirve para desviar la atención de errores y escándalos propios.
- Gobiernos y servicios de inteligencia exteriores, con el objetivo de influir en la opinión pública, elecciones o referendos de otro país. Las fake news ponen el foco en las supuestas positividades de determinadas opciones política y negatividades de las contrarias. Por otra parte, buscan debilitar la cohesión social, haciéndola más fácilmente manipulable y permeable a soluciones exóticas.
- Objetivo estrictamente personal: actores marginales que actúan con el objetivo malévolo de dañar la reputación de alguna persona, empresa o institución, crear miedos y malestar o, simplemente, satisfacer su propio ego al alcanzar notoriedad en las redes.
LA INDUSTRIA DE LA FAKE NEWS
En este artículo centraremos la atención en el primer grupo antes mencionado: el que busca obtener un beneficio económico a través de la utilización de las fake news.
Este grupo ha llegado a crear una industria global que obtiene pingües beneficios, moviéndose entre le alegalidad y la ilegalidad. No existe una evaluación fiable al respecto, pero parece claro que mueve cientos de miles de millones de euros a nivel global.
Se trata de una industria que se beneficia de una facilidad única de acceso al mercado, como es la posibilidad de partir con inversión y riesgo igual a 0. Basta colgar la noticia en las redes, y de ahí los receptores irán produciendo una cascada creciente de reenvíos. Esta cascada se impulsa con una fuerza inusitada por diversos factores psicológicos concomitantes:
- Explota emociones de alta intensidad, como pueden ser miedo, indignación, odio, repugnancia, asombro.
- Suele coincidir con puntos de vista o prejuicios del receptor, lo que añade credibilidad a la informaciones: un proceso psicológico que se conoce como sesgo de confirmación (confirmation bias). Cuando las noticias falsas coinciden con la idea que previamente tenemos sobre un tema, es muy difícil que nos tomemos la molestia de verificar su veracidad. Así, acaban creándonos una burbuja informativa de la que es difícil salir.
- Debido a su carácter sensacionalista, las fake news tienen más posibilidades de que el receptor las reenvíe a su círculo próximo, que comparte sus opiniones, iniciando una cascada de reenvíos, que podrá llegar a inundar el escenario de las redes.
- Por la misma razón de su impacto sensacionalista, el receptor las recuerda con más facilidad que las noticias verdaderas. Así, pueden acabar colonizando la mente del receptor, en detrimento de las informaciones veraces.
CÓMO PROTEGERNOS DE LAS FAKE NEWS
En la actualidad, mientras progresa aceleradamente la industria de la fake news, nos encontramos prácticamente sin protección a nivel global frente a sus efectos perversos.
Efectos que se traducen en dos costes:
- Uno, intangible, consistente en la pérdida de calidad democrática ocasionada por la manipulación de los ciudadanos.
- Otro, tangible, consistente en las pérdidas económicas que sufren los afectado por las diversas prácticas alegales e ilegales. Según una evaluación realizada en abril 2026 por SopraSteria, líder europeo en consultoría y servicios digitales, y presentada bajo el título de The Global Economic Impact of Disinformation – How Information Manipulation Undermines the Economy, el coste de la desinformación asociado a las fake news se elevó en 2024 a $417.000 millones. Hoy podría rondar ya los $500.000 millones. A nivel empresarial una parte importante de estos costes se materializan en pérdidas de valor de empresas cotizadas que son objeto de ataques en redes.
Es evidente que esta situación exige una intervención decidida de los poderes públicos. Lamentablemente, la solución al problema es sumamente compleja, por varias razones:
- No existen medios eficaces para perseguir a los autores de las fake news, que se pueden esconder en el anonimato y en países con un sistema legal muy poco desarrollado, en los que resulta prácticamente inviable emprender acciones penales.
- Tampoco existen medios eficaces para perseguir al transmisor (redes sociales): a diferencia de los medios de información tradicionales, las redes sociales se consideran espacios públicos donde cada ciudadano expone libremente lo que quiere, y la responsabilidad del contenido recae sobre el autor, no sobre el medio. Pero como es poco menos que imposible perseguir al autor, su responsabilidad está totalmente vacía de contenido.
- Algunos personajes ilustres juegan a la desinformación para conseguir sus fines. En enero 2021 The Washington Post calculó que el presidente Trumphabía lanzado durante su primer mandato 30.573 fake news, a razón de 21 al día. Por otra parte, en abril 2018 unos twits de Trump que hicieron temer una posible actuación del gobierno contra Amazon, ocasionaron en poco menos de 3 horas una caída de las acciones de la compañía que supuso una volatilización del valor bursátil cercana a $20.000 millones.
- La AI se ha convertido en un aliado potentísimo de las fake news: no hay más que ver la multitud de videos falsos (deep fakes), realizados con una gran perfección técnica, en los que aparecen personajes populares recomendando inversiones, productos, servicios que jamás habrían publicitado.
Sin embargo, necesitamos soluciones y las necesitamos ya. Entonces, ¿qué podemos hacer? Hay algunas soluciones que se deberían poner en marcha con la máxima celeridad.
A nivel general
- Redes: no pueden seguir funcionando en la más absoluta impunidad, transmitiendo mensajes sin ningún control y, en muchos casos, jugando un papel activo en la manipulación. Si las redes obtienen beneficios con la transmisión de informaciones, deben asumir responsabilidades y establecer filtros. La inteligencia artificial puede aportar una ayuda decisiva, mediante modelos de aprendizaje automático que permiten detectar cualquier ataque en tiempo real y evitar que salga a la luz.
- Legislación: son necesarias medidas legislativas urgentes, a nivel nacional y supranacional, en diferentes direcciones que tengan por objeto:
- Fijar las responsabilidades de los autores de noticias falsas, con penas que tengan un carácter disuasorio.
- Fijar las responsabilidades de los transmisores de informaciones falsas.
- Establecer pautas para que todas las personas que cuelgan informaciones en las redes sean previamente identificadas y tengan que aparecer con sus nombres y apellidos reales.
- Establecer pautas para que los emisores habituales de noticias falsas sean expulsados de la redes.
- Establecer una lista negra de países desde los cuales las redes no puedan aceptar contenidos de carácter político, ideológico y de cualquier tipo que puedan afectar a la reputación de las personas, las empresas y las instituciones. Esta lista debería comprender tanto a países permisivos, con un sistema judicial inadecuadamente desarrollado, como países que, a través de sus instituciones, juegan un papel activo en la utilización de las fake news con fines políticos e ideológicos.
También aquí, la inteligencia artificial puede aportar una valiosa ayuda para dar soporte a estos programas.
- Entes de certificación: de la misma manera que infinidad de productos potencialmente peligrosos requieren la validación de entes de certificación para poder ser comercializados, también los emisores y transmisores de informaciones deberían ser objeto de un control por parte de entes independientes. En base a este control, se podría establecer una calificación del nivel de credibilidad de las fuentes y de las redes, que debería ser reflejada obligatoriamente, en la página de entrada de la red y junto a cada información publicada.
- Educación: El sistema educativo tiene que responder al desafío de desarrollar un sentido crítico en los niños y jóvenes, enseñando a verificar el origen de la noticia, valorar su credibilidad, comprobar si todas las noticias publicada por una fuente tienen sistemáticamente el mismo sesgo, preguntarse a quién beneficia o perjudica la noticia y utilizar diferentes fuentes de información, huyendo de aquellas que se muestran combativas publicando solo noticias con un determinado sesgo.
A nivel empresas
Obviamente las medidas anti-fake tienen que adaptarse al tamaño y características de cada empresa. Pero, con mayor o menor énfasis, pueden incluir las siguientes:
- Prospección: un sistema de vigilancia que permita la detección temprana de las fake news que puedan afectar. Este sistema puede integrar a toda la plantilla de la empresa, que formaría así la primera línea de defensa ante ataques exteriores.
- Reacción: un conjunto de pautas para reaccionar de inmediato ante las fake news, incluyendo la aparición en medios y redes sociales, difusión de comunicados, etc.
- Persecución: no hay que cruzarse de brazos ante las fake news. Hay que perseguirlas con todos los medios legales disponibles, aunque por el momento las posibilidades de éxito sean, como ya hemos visto, limitadas. Los autores y transmisores deben saber que no van a actuar desde la absoluta impunidad. Por su complejidad y coste, esta tarea en muchos casos debería ser asumida por las asociaciones empresariales, las cuales tendrían la ventaja de poder agrupar diferentes reclamaciones dirigidas a un mismo emisor o transmisor.
AL OTRO LADO DEL ESPEJO: ¿YACIMIENTO DE OPORTUNIDADES?
Como siempre que hay un problema, surgen nuevas oportunidades de negocio para ofrecer soluciones. En este caso, el problema está encima de la mesa y las nuevas oportunidades, también. Al otro lado del espejo de la industria de las fake news se desarrollará una industria antagonista: empresas especializadas que ofrezcan servicios para el control de las pérdidas económicas que producen las fake news. Estas empresas se podrían posicionar en los siguientes campos:
- Asesoramiento en gestión de riesgos específicos: servicios de consultoría para ayudar a establecer, dentro de las empresas, estrategias anti-fake, incluyendo medios de detección temprana de las informaciones falsas o perjudiciales y planes específicos de reacción inmediata. La inteligencia artificial puede jugar un papel esencial en el rastreo de las redes. Modelos de aprendizaje automático, predispuestos para identificar patrones de desinformación, permiten detectar cualquier ataque en el mismo momento en que se produce y lanzar una respuesta en tiempo real.
- Prospección y detección: consultorías especializadas también pueden proporcionar servicios de prospección y detección de ataques, liberando a los directivos de una carga de trabajo que, dependiendo del tamaño de la empresa, puede resultar excesivamente onerosa.
- Respuesta – nivel comunicación: empresas especializadas pueden ofrecer servicios de respuesta profesionales a los ataques reputacionales, vehiculando la información a través de redes y medios.
- Respuesta – nivel legal: ya hemos visto que el marco normativo existente deja un espacio muy limitado a actuaciones legales contra los atacantes y los transmisores de fake news. Pero pueden existir resquicios que permitan actuar con ciertas posibilidades de éxito. Por otra parte, no cabe duda de que en los próximo años el marco legal se hará cada vez más exigente y serán más los casos que permitan emprender acciones legales con posibilidades de éxito. Se trata de un mercado con buenas perspectivas de futuro, en el cual habrá lugar para bufetes de abogados especializados, que podrían posicionarse sólidamente desde ahora mismo.
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LAS FAKE NEWS BLANDAS
Mención aparte merecen las fake news blandas, aunque no son directamente el objeto del presente artículo. Una especialidad que va en aumento, y con la que no se transmiten informaciones abiertamente falsas, pero presentadas con un fuerte sesgo, con titulares sensacionalistas, distorsionadas y omitiendo partes esenciales de la noticia, con el objetivo de que sean interpretadas en forma errónea por un observador superficial. Esta especialidad es cada vez más utilizada por medios de comunicación tradicionales, plataformas digitales y personajes que actúan desde una supuesta apariencia de seriedad y rigor.
Cuando millones de fake news circulando diariamente por las redes proporcionan pingües beneficios a sus autores, ¿cuántos medios de comunicación supuestamente solventes y responsables no han sucumbido a la tentación de beneficiarse de las fake news blandas? El que esté libre de pecado, tire la primera piedra.
Por su naturaleza, ninguna ley podrá poner coto a las fake news blandas. La única protección posible vendrá de los entes de certificación a los que me he referido más arriba. Una calificación sobre el sesgo sistemático de cada emisor o transmisor, podrá alertar al lector sobre la fiabilidad de la fuente de información de la que se está nutriendo. Calificación que, obviamente, debería ser de obligatoria publicación junto o cada noticia emitida o transmitida.

