LA NUEVA REALIDAD

Después de medio siglo de crecimiento ininterrumpido, en un intervalo de tan sólo 12 años la economía de todo el mundo se ha visto sacudida por 2 Tsunamis Globales. Y cada tsunami ha sido seguido por sucesivas oleadas de gran poder destructivo.

El primer Tsunami Global fue la Crisis Financiera de 2008 que, partiendo de los Estados Unidos, se extendió rápidamente por el planeta. Por primera vez en medio siglo la economía mundial sufrió un descenso del PIB (-1,3%). En algunos países, como España, esta crisis coincidió con el estallido de una burbuja inmobiliaria, por lo que sus efectos fueron mucho más profundos y duraderos. Y, unos años más tarde, la crisis de deuda y la consiguiente aplicación de políticas de austeridad, pusieron nuevamente a prueba los tejidos económicos y empresariales de muchos países, en particular los de la Unión Europea.

El segundo Tsunami Global ha sido la Pandemia del COVID-19 que, con origen en China, se contagió a todo el planeta, haciendo entrar en fuerte recesión a la mayor parte de las economías. Su impacto en la economía mundial ha sido mucho mayor (-3,1%). Y cuando ya se estaban superando los efectos del tsunami, nos encontramos con la guerra de Ucrania y con problemas tan serios e imprevistos como las roturas de cadenas de suministro esenciales para el sostén de las economías e, inmediatamente después, la inflación, de donde se han derivado los fuertes aumentos de los tipos de interés practicados por los bancos centrales y los sobresaltos en el sistema bancario.

Todo ello ha configurado un nuevo escenario global. Cuando creíamos estar viendo el final del túnel del 2º tsunami, este escenario se bautizó con el nombre de «nueva normalidad» («new normal«). Pero ahora sabemos que estamos ante una situación que tiene muy poco o nada de normalidad. Es más correcto definirla como «nueva realidad»: una realidad hipercaótica y expuesta a la amenaza de nuevas disrupciones locales y globales.

Esta «nueva realidad» está sacudiendo aspectos troncales de nuestra sociedad. No estamos ante un simple cambio de ciclo económico, sino ante un cambio de paradigma que se traduce en alteraciones en la esfera política, tales como

Sólo la empresamascompetitiva será capaz de prosperar en los nuevos escenarios caóticos que ya han sido calificados con el acrónimo VUCA (Volatility, Uncertainity, Complexity, Ambiguity)

Pero es preciso subrayar que no todas las consecuencias de los tsunamis han sido negativas. Por regla general, cuando hay perdedores también hay ganadores.

Así, cada tsunami se ha resuelto en una nueva manifestación del principio de destrucción creativa: ha castigado determinados sectores de la economía, ha hecho caer empresas, pero también ha propulsado con fuerza otros sectores y alumbrado nuevas oportunidades de negocio.

Muchas empresas se han beneficiado de los efectos destructivos del tsunami para salir fortalecidas de la prueba, ocupando espacios que las más débiles han tenido que abandonar. Al mismo tiempo, otras han sabido explotar nuevas oportunidades, surgidas de múltiples disrupciones, para irrumpir con fuerza en los mercados.

¿Por qué en un entorno convulso unas empresas caen, otras se fortalecen y otras eclosionan y crecen imparablemente?

La respuesta es simple: porque en un escenario caótico, sólo hay sitio para la empresamascompetitiva.

Y si dirigimos nuestra mirada hacia el futuro, veremos ante nosotros un horizonte en el que seguirá presente el caos, pero que nos abre nuevas y extraordinarias oportunidades, propulsadas por un amplio abanico de vectores:

  • Políticas anticíclicas puestas en práctica por la autoridades económicas en casi todo el mundo. En Europa estas medidas se han concretado en el programa Next Generation que llegará a movilizar más de 800 mil millones de Euros (el mayor paquete de estímulo financiero jamás puesto en práctica).
  • Avance rapidísimo y disruptor de la tecnología en múltiples campos, como digitalización, inteligencia artificial, robótica, salud, biotecnología, tecnologías limpias, movilidad, computación cuántica, nanotecnología, impresión 3D, etc.
  • Recomposición de los flujos del comercio internacional ocasionada por las tensiones comerciales entre los Estados Unidos y China, por la Guerra de Ucrania y por la creciente situación de conflicto entre China y Taiwan.
  • Desglobalización, impulsada por las disrupciones en las cadenas de suministro que hemos vivido en los últimos años y por la recomposición del mapa geopolítico. La producción de bienes estratégicos tenderá a regresar a los países consumidores, favoreciendo la reconstrucción de tejidos industriales en estos últimos.
  • Fuerte aumento de las inversiones en armamento y programas de I+D+I relacionados con la industria de defensa, por parte de las principales economías mundiales.
  • Rapidísima difusión de la digitalización, la inteligencia artificial y, en consecuencia, de la demanda de servicios de ciberseguridad.
  • Avance acelerado del e-commerce en detrimento del comercio físico tradicional.
  • Desarrollo de la economía de la descarbonización, de la economía verde y de la economía circular.
  • Desarrollo de las tecnologías satelitales, con fines comerciales y de defensa.
  • Migración de una parte de las poblaciones de clases medias y medias-altas, desde zonas urbanas a otras que ofrecen mayor calidad de vida, impulsada por el teletrabajo y fórmulas híbridas de trabajo.
  • etc. etc.

Y, una vez más, estas extraordinarias oportunidades no beneficiarán a todas las empresas. Sólo estarán al alcance de la empresamascompetitiva.

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